Blog de Roberto: Fragmento de Rayuela
Jul 12, 2011

Fragmento de Rayuela

(Me gustó un fragmento de Rayuela y me tomé la molestia de transcribirlo, para que lo disfruten tanto como yo.)

Oliveira canturreaba el tango. La Maga chupó la bombilla y se encogió de hombros, sin mirarlo. “Pobrecita”, pensó Oliveira. Le tiró un manotón al pelo, echándoselo para atrás brutalmente como si corriera una cortina. La bombilla hizo un ruido seco entre los dientes.

-Es casi como si me hubieras pegado- dijo la Maga, tocándose la boca con dos dedos que temblaban-. A mí no me importa, pero…
-Por suerte te importa- dijo Oliveira-. Si no me estuvieras mirando así te despreciaría. Sos maravillosa, con Rocamadour y todo.
-De qué me sirve que me digas eso.
-A mí me sirve.
-Sí, a vos te sirve. A vos todo te sirve para lo que andás buscando.
-Querida- dijo gentilmente Oliveira-, las lágrimas estropean el gusto de la yerba, es sabido.
-A lo mejor también te sirve que yo llore.
-Sí, en la medida en que me reconozco culpable.
-Andate, Horacio, va a ser lo mejor.
-Probablemente. Fijate, de todas maneras, que si me voy ahora cometo algo que se parece casi al heroísmo, es decir que te dejo sola, sin plata y con tu hijo enfermo.
-Sí- dijo la Maga sonriendo homéricamente entre las lágrimas-. Es casi heroico, cierto.
-Y como disto de ser un héroe, me parece mejor quedarme hasta que sepamos a qué atenernos, como dice mi hermano con su bello estilo.
-Entonces quedate.
-¿Pero vos comprendés cómo y por qué renuncio a ese heroismo?
-Sí, claro.
-A ver, explicá por qué no me voy.
-No te vas porque sos bastante burgués y tomás en cuenta lo que pensarían Ronald y Babs y los otros amigos.
-Exacto. Es bueno que veas que vos no tenés nada que ver con mi decisión. No me quedo por solidaridad ni por lástima ni porque hay que darle la mamadera a Rocamadour. Y mucho menos porque vos y yo tengamos algo en común.
-Sos tan cómico a veces- dijo la Maga.
-Por supuesto- dijo Oliveira-. Bob Hope es una mierda a lado mío.
-Cuando decís que ya no tenemos nada en común, ponés la boca de una manera…
-Un poco así, ¿verdad?
-Sí, es increíble.

Tuvieron que sacar los pañuelos y taparse al cara con las dos manos, soltaban tales carcajadas que Rocamadour se iba a despertar, era algo horrible. Aunque Oliveira hacía lo posible por sostenerla, mordiendo el pañuelo y llorando de risa, la Maga resbaló poco a poco del sillón, que tenía las patas delanteras más cortas y la ayudaba a caerse, hasta quedar enredada entre las piernas de Oliveira que se reía con un hipo entrecortado y que acabó escupiendo el pañuelo con una carcajada.

-Mostrá otra vez cómo pongo la boca cuando digo esas cosas- suplicó Oliveira.
-Así- dijo la Maga, y otra vez retorcieron hasta que Oliveira se dobló en dos apretándose la barriga, y la Maga vio su cara contra la suya, los ojos que la miraban brillando entre las lágrimas. Se besaron al revés, ella hacia arriba y el con el pelo colgando como un fleco, se besaron mordiéndose un poco porque sus bocas no se reconocían, estaban besando bocas diferentes, buscándose con las manos en un enredo infernal de pelo colgando y el mate que se había volcado al borde de la mesa y chorreaba en la falda de la Maga.

-Decime cómo hace el amor Ossip- murmuró Oliveira, aprentando los labios contra los de la Maga-. Pronto que se me sube la sangre a la cabeza, no puedo seguir así, es espantoso.
-Lo hace muy bien- dijo la Maga, mordiéndose el labio-. Muchísimo mejor que vos, y más seguido.
-¿Pero te retila la murta?  No me vayas a mentir, ¿te la retila de veras?
-Muchísimo. Por todas partes, a veces demasiado. Es una sensación maravillosa.
-¿Y te hace poner con los plíneos entre las argustas?
-Sí, y después nos entreturnamos los porcios hasta que él dice basta basta, y yo tampoco puedo más, hay que apurarse, comprendés. Pero eso vos no lo podés comprender, siempre te quedás en la gunfia más chica.
-Yo y cualquiera- rezongó Oliveira, enderezándose-. Che este mate es una porquería, yo voy un rato a la calle.
-¿No querés que te siga contando de Ossip?- dijo la Maga-. Es gíglico.
-Me aburre mucho el gíglico. Además, vos no tenés imaginación, siempre decís las mismas cosas. La gunfia vaya novedad. Y no se dice “contando de”. 
-El gíglico lo inventé yo- dijo resentida la Maga-. Vos soltás cualquier cosa y te lucís, pero no es el verdadero gíglico.
-Volviendo a Ossip…
-No seas tonto Horacio, te digo que no me he acostado con él. ¿Te tengo que hacer el juramento de los sioux?
-No, al final me parece que te voy a creer.

-Y después- dijo la Maga - lo más probable es que acabe acostándome con él, pero serás vos el que habrá querido.  

  

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